La vida es camino

Creo que una buena imagen para comprender la vida es la del camino. Sí, la vida es un camino. Y vivir se trata de aprender a andar ese camino único y original que es la vida de cada uno.
Y si la vida es un camino -un camino lleno de paradojas- nuestra tarea de vida es simplemente aprender a caminar, aprender a vivir. Y como todo aprender, el vivir es también un proceso de vida.
Se trata entonces de aprender a caminar, aprender a dar nuestros propios pasos, a veces pequeños, otras veces más grandes. Se trata de aprender a caminar con otros, a veces aprender a esperarlos en el camino y otras veces dejarnos ayudar en el camino. Se trata de volver a levantarnos una y otra vez cuando nos caemos. Se trata de descubrir que este camino es una peregrinación con Jesucristo hacia el hogar, hacia el Padre.
Y la buena noticia es que si podemos aprender a caminar, entonces también podemos aprender a vivir, podemos aprender a amar... Podemos aprender a caminar con otros...
De eso se trata este espacio, de las paradojas del camino de la vida, del anhelo de aprender a caminar, aprender a vivir, aprender a amar. Caminemos juntos!

miércoles, 25 de octubre de 2023

María, mujer sinodal - 18 de Octubre de 2023

 

Fiesta del 18 de Octubre de 2023

Santuario de Tupãrenda

Jn 2, 1 – 11

María, mujer sinodal

 

Queridos hermanos y hermanas:

            Celebramos hoy los 109 años de la primera Alianza de Amor con María, la alianza del 18 de octubre de 1914; celebramos además el 42° aniversario de la bendición de nuestro querido Santuario de Tupãrenda. ¡Celebramos la alianza, el Santuario y la Mater! ¡Qué gran día de celebración! ¡Qué gran día de bendición!

            Celebramos este 18 de Octubre guiados por el lema: “Con María, familia en alianza al servicio de una Iglesia sinodal”. Con este lema quisimos unir la espiritualidad de Schoenstatt, la espiritualidad de alianza, con el impulso del Año del Laicado que estamos viviendo como Iglesia que peregrina en el Paraguay.

Iglesia sinodal

            La primera parte del lema nos habla de nuestra espiritualidad de Schoenstatt, de nuestra identidad: “Con María, familia en alianza”. Como familia espiritual, el Movimiento Apostólico de Schoenstatt está conformado por diversidad de ramas, comunidades e iniciativas apostólicas.

            Y lo que une esta diversidad de comunidades es la Alianza de Amor con María. Es Ella la que nos convoca en su Santuario, la que nos llama a sellar una alianza de amor con Ella, y la que nos enseña a vivir en alianza los unos con los otros; Ella nos hace familia. Una familia de bautizados que nace de la Alianza de amor con Ella, vive en y desde esa alianza, y quiere regalar el carisma de la Alianza de Amor a la Iglesia y a la sociedad.

            En la segunda parte del lema de este año se nos invita a ponernos “al servicio de una Iglesia sinodal”. Pero, ¿qué es una Iglesia sinodal? ¿Qué significa ser Iglesia sinodal?

            El término “sinodal” proviene de una institución eclesial. La Iglesia ha llamado Sínodo a uno de los órganos colegiales que aconseja al Papa, concretamente al Sínodo de los Obispos. A su vez el término sínodo proviene del griego y significa caminar juntos. Así el Sínodo quiere convertirse en una actitud sinodal, en un modo de ser y vivir la Iglesia.

            Por lo tanto la Iglesia sinodal es la Iglesia que toma conciencia de que todos los bautizados caminamos juntos, los unos con los otros, y todos, caminamos detrás de Jesús, nuestro Salvador, nuestro Maestro y Señor.

           

Fiesta del 18 de Octubre en Tupãrenda.
Con María, familia en alianza
al servicio de una Iglesia sinodal.
En la alianza de amor, María nos enseña vitalmente a vivir una actitud sinodal; es decir, la actitud de quien sabe que no camina solo en la vida ni en la fe, sino en comunión con todos los hombres y mujeres, con todos los bautizados. Recordémoslo una vez más: “el que cree nunca está solo” (Cf. Benedicto XVI); sino que en Cristo Jesús está íntimamente unido a todos los bautizados.

            Sí, en Cristo y por Cristo, nunca estamos solos. Jesús está siempre con nosotros, y en realidad, siempre estamos unidos a toda la Iglesia: se trata de la realidad del Cuerpo místico de Cristo. “Nosotros somos sus miembros, Él la única cabeza” (Cf. P. J. Kentenich). Y esta realidad sobrenatural, se nos hace accesible a través de la Alianza de Amor con María. Lo que el bautismo nos da por gracia, la alianza de amor nos ayuda a vivir y experimentar.

Iglesia orante

            Es más, mirando a la Santísima Virgen comprendemos vitalmente en qué consiste ser Iglesia sinodal.

            La primera característica de la Iglesia sinodal es que ella es una Iglesia orante. Así lo vemos en el texto tomado de los Hechos de los Apóstoles, en el cual se nos dice que: «Todos ellos, íntimamente unidos, se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos.».

            Sí, la primera característica de una Iglesia sinodal es la oración vivida en comunidad. Se nos dice con mucha claridad que «después de subir Jesús al cielo», los discípulos se reunieron para hacer oración en común. No individualmente, sino en común, en comunidad, como Iglesia. La Iglesia se vive cuando oramos en común; cuando juntos escuchamos, acogemos y meditamos la Palabra de Dios que se nos dirige; cuando juntos celebramos con fe los sacramentos.

            ¡Cuánto nos falta aprender a orar en común! Puede que hagamos oración de forma individual; puede que leamos y meditemos la Palabra de Dios cada día de forma personal. Pero debemos dar un paso más: aprender a orar en comunidad. Que nos es otra cosa que aprender a abrir el corazón a Dios y a los hermanos. Aprender a poner el corazón –y todo lo que llevamos dentro- en presencia de nuestros hermanos. ¡Qué hermoso sería que en cada familia, en cada comunidad, cada uno pueda abrir el corazón en oración para que Dios reciba lo que llevamos dentro! Y de ese modo hacer propias las intenciones de los demás.

            Esa experiencia de oración en común auténticamente vivida, y bajo la guía maternal de María, puede llevarnos a experimentar lo que vivieron los primeros discípulos: «Todos ellos, íntimamente unidos, se dedicaban a la oración». Esa íntima unidad inicia, se cultiva y se fortalece con la oración. Esa íntima unidad es la auténtica sinodalidad. Sin oración no podremos ser una Iglesia sinodal.  

Iglesia diligente

            La Iglesia sinodal es también una Iglesia diligente en el servicio a los demás. Una vez más, es María la que nos muestra de forma vital y concreta cómo ponernos al servicio de los demás.

            Lo vemos en el pasaje evangélico de las Bodas de Caná (Jn 2, 1 – 11). Es Ella la que percatándose de la necesidad, se acerca a Jesús y le dice: «No tienen vino». Y más, aún. Ante la aparente resistencia de Jesús, Ella dice con serena certeza: «Hagan todo lo que él les diga»

            Estar al servicio de los demás como Iglesia diligente es prestar atención a las necesidades de los demás y tomar la iniciativa; involucrarse concretamente venciendo toda comodidad e indiferencia. Así, la Iglesia sinodal “es la comunidad de discípulos misioneros que primerean, que se involucran, que acompañan, que fructifican y festejan”.[1]

            Estamos llamados a involucrarnos como lo hizo Jesús. “Jesús lavó los pies a sus discípulos. El Señor se involucra e involucra a los suyos, poniéndose de rodillas ante los demás para lavarlos. Pero luego dice a los discípulos: «Ustedes serán felices si, sabiendo estas cosas, las practican» (Jn 13, 17).”[2]

            Por eso, siguiendo a Jesús y aprendiendo de María, la Iglesia sinodal se adentra con obras, gestos y servicios en la vida cotidiana de los demás. Y así se convierte en Iglesia diligente; es decir, en  Iglesia que ama concretamente en el servicio, la misericordia y la ternura.

            Sin servicio, sin ternura, sin misericordia, no podremos ser Iglesia sinodal, Iglesia en salida, que camina al encuentro de los demás, al encuentro de Cristo Jesús presente en los más vulnerables: en los ancianos, enfermos y necesitados de ternura. Ternura que no es otra cosa que tocar con delicadeza y respeto la fragilidad del otro, para, con  esa caricia darle consuelo.

María, mujer sinodal

            En último término, queridos hermanos y hermanas, al peregrinar hoy a Tupãrenda y celebrar la Alianza de Amor con María, nos damos cuenta de que María es la personificación de la Iglesia sinodal. Y esto es así, porque María es mujer sinodal; es decir, María es mujer orante y diligente. Mujer de profunda y viva oración, que desde la oración camina al encuentro de los demás en el servicio de amor.

A María, la mujer sinodal, le pedimos que nos eduque en su Santuario, y nos conceda las actitudes de la Iglesia sinodal: la oración y el servicio diligente. A Ella, mujer de la alianza, le decimos en este Santuario y en este día de gracias:

“Aseméjanos a ti y enséñanos
a caminar por la vida tal como tú lo hiciste:
fuerte y digna, sencilla y bondadosa,
repartiendo amor, paz y alegría.
En nosotros recorre nuestro tiempo
preparándolo para Cristo Jesús.”[3]

Con María, familia en alianza.

Con María, Iglesia sinodal.

Amén.

P. Óscar Iván Saldívar, P.Sch.

Rector del Santuario Tupãrenda - Schoenstatt



[1] FRANCISCO, Evangelii Gaudium, 24

[2] Ibídem

[3] P. J. Kentenich, Hacia el Padre, 609