La vida es camino

Creo que una buena imagen para comprender la vida es la del camino. Sí, la vida es un camino. Y vivir se trata de aprender a andar ese camino único y original que es la vida de cada uno.
Y si la vida es un camino -un camino lleno de paradojas- nuestra tarea de vida es simplemente aprender a caminar, aprender a vivir. Y como todo aprender, el vivir es también un proceso de vida.
Se trata entonces de aprender a caminar, aprender a dar nuestros propios pasos, a veces pequeños, otras veces más grandes. Se trata de aprender a caminar con otros, a veces aprender a esperarlos en el camino y otras veces dejarnos ayudar en el camino. Se trata de volver a levantarnos una y otra vez cuando nos caemos. Se trata de descubrir que este camino es una peregrinación con Jesucristo hacia el hogar, hacia el Padre.
Y la buena noticia es que si podemos aprender a caminar, entonces también podemos aprender a vivir, podemos aprender a amar... Podemos aprender a caminar con otros...
De eso se trata este espacio, de las paradojas del camino de la vida, del anhelo de aprender a caminar, aprender a vivir, aprender a amar. Caminemos juntos!

jueves, 11 de enero de 2024

«Salió de Nazaret» - La Natividad del Señor - 2023

 

La Natividad del Señor – Ciclo B - 2023

Misa de la Noche

Lc 2, 1 – 14

«Salió de Nazaret»

 

Queridos hermanos y hermanas:

            Una vez más nos reunimos para celebrar juntos la Natividad del Señor en esta “santísima noche”[1], en esta Noche Buena. Una vez más nos hemos acercado al pesebre, para poder representar y contemplar el nacimiento del Salvador en Belén de Judea. Una vez más hemos escuchado los textos de la Sagrada Escritura que nos transmiten el misterio del nacimiento de Jesús.

            Sin duda la celebración de la Navidad y todo lo que ella implica tiene una atemporal y constante atracción para todos nosotros; de tal modo, que siempre de nuevo nos encaminamos hacia Belén con la fe, con los afectos y con el corazón.

«Salió de Nazaret»

            José y María también se han encaminado hacia Belén, lo hemos escuchado en el texto evangélico proclamado hoy (Lc 2, 1 – 14).

“«En aquellos días salió un decreto del emperador Augusto, ordenando hacer un censo del mundo entero» (2, 1). Lucas introduce con estas palabras su relato sobre el nacimiento de Jesús, y explica por qué ha tenido lugar en Belén. Un censo cuyo objeto era determinar y recaudar los impuestos es la razón por la cual José, con María, su esposa encinta, van de Nazaret a Belén. (…) Y así, aparentemente por casualidad, el Niño Jesús nacerá en el lugar de la promesa.”[2]

Sin duda que la travesía que realizaron José y María desde Nazaret hasta Belén ha sido más exigente que nuestra propia peregrinación interior; sobre todo por la condición en la que se encontraba María y por todo el movimiento de personas que habrá supuesto el censo ordenado por la autoridad imperial. Moverse es siempre exigente, y más aún en medio de una multitud de personas.

Sin embargo, toda peregrinación es movimiento, es salir de la propia casa, de la propia realidad conocida, de la propia zona de confort para ponerse en camino hacia un nuevo lugar. José y María han salido de Nazaret, aparentemente por una causa humana, sin embargo, al mirar la historia con ojos de fe, vemos que detrás de esa causa segunda, se encuentra la llamada “causa primera”, el Dios vivo y providente, que guía la gran historia universal y la pequeña gran historia de cada uno de sus hijos.

José y María han salido de Nazaret, ¿de qué lugares, espacios o situaciones Dios me ha invitado a salir en el último tiempo? ¿Qué situaciones han hecho que tenga que ponerme en movimiento dejando atrás lo conocido? ¿He mirado estas situaciones a la luz de la fe práctica en la Divina Providencia para descubrir así la conducción de Dios en mi vida?

«Mientras se encontraban en Belén»

            José y María se dirigían a Belén para poder inscribirse en el censo. Y “mientras se encontraban en Belén, [a María] le llegó el tiempo de ser madre; y María dio a luz a su Hijo primogénito.”

           

San José y el Niño.
Pesebre, Iglesia
Santa María de la Trinidad 

Es cierto que Belén era el lugar de la promesa, el lugar donde debía nacer el Salvador; sin embargo, el hecho del nacimiento de Jesús en estas circunstancias no deja de ser inesperado. Tal es así, que no había lugar preparado para el nacimiento del Salvador; María debe acostar en un pesebre a su pequeño Hijo envuelto en pañales.

            Salir de lo conocido nos expone siempre a lo inesperado, a lo sorpresivo. Pero precisamente allí, en lo inesperado, en lo no planeado, en lo sorpresivo, irrumpe Dios, irrumpe el mensaje de Dios, irrumpe la salvación de Dios.

            Cada vez que nos dejamos sorprender por Dios más allá de nuestros propios planes, cálculos, previsiones y deseos, permitimos que su luz irrumpa en nuestra vida y así la alumbre con un nuevo esplendor: «el pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz; sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz» (Is 9, 1).

«Les ha nacido un Salvador»

            Tal ha sido la irrupción de lo divino en lo inesperado de Belén, que los pastores -que se encontraban en la región cercana- recibieron el gozoso y luminoso anuncio del nacimiento de Jesús: «Les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor».

            Cuando permitimos que Dios sea Dios en nuestras vidas; cuando confiamos en su conducción providente –aún por medio de limitados instrumentos humanos-, dejamos que su cálida luz alumbre nuestras vidas y corazones y así resplandezca en nuestra vida cotidiana. Y ese resplandor no puede sino difundirse, compartirse con los demás y así convertirse en alegre anuncio y testimonio de la acción de Dios: «¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres amados por él!».

            En esta Noche Buena, en que todos peregrinamos hacia Belén, dejemos atrás y soltemos todo aquello que no nos permite caminar con libertad y generosidad; permitamos que Dios nos saque de nuestros lugares conocidos y seguros, de modo que, dejándonos guiar por Él, permitamos que nuevamente hoy se realice el milagro de Belén: la irrupción de Dios en lo inesperado y pequeño, la irrupción de Dios en un Niño que hace nuevas todas las cosas (cf. Ap 21, 5).

            A María, Mater peregrinans – Madre que peregrina, le pedimos que motive y acompañe siempre nuestro peregrinar, nuestro caminar, nuestro salir de nosotros mismos hacia la meta que nos indique la Providencia de Dios, de modo que también nosotros veamos la cálida y tierna luz que hoy resplandece en Belén: Jesús Niño, Mesías y Señor.

            Amén.

 

P. Oscar Iván Saldívar, P.Sch.

Rector del Santuario de Tupãrenda – Schoenstatt

Misa de la Noche – 24 de diciembre de 2023

[1] MISAL ROMANO, La Natividad del Señor, Misa de la Noche, Oración colecta.

[2] J. RATZINGER/BENEDICTO XVI, La Infancia de Jesús, 65.