La vida es camino

Creo que una buena imagen para comprender la vida es la del camino. Sí, la vida es un camino. Y vivir se trata de aprender a andar ese camino único y original que es la vida de cada uno.
Y si la vida es un camino -un camino lleno de paradojas- nuestra tarea de vida es simplemente aprender a caminar, aprender a vivir. Y como todo aprender, el vivir es también un proceso de vida.
Se trata entonces de aprender a caminar, aprender a dar nuestros propios pasos, a veces pequeños, otras veces más grandes. Se trata de aprender a caminar con otros, a veces aprender a esperarlos en el camino y otras veces dejarnos ayudar en el camino. Se trata de volver a levantarnos una y otra vez cuando nos caemos. Se trata de descubrir que este camino es una peregrinación con Jesucristo hacia el hogar, hacia el Padre.
Y la buena noticia es que si podemos aprender a caminar, entonces también podemos aprender a vivir, podemos aprender a amar... Podemos aprender a caminar con otros...
De eso se trata este espacio, de las paradojas del camino de la vida, del anhelo de aprender a caminar, aprender a vivir, aprender a amar. Caminemos juntos!

sábado, 29 de abril de 2023

Vigilia Pascual 2023 - Hemos acompañado al Señor

 

Vigilia Pascual en la Noche Santa – Ciclo A – 2023

Mt 28, 1 – 10

Hemos acompañado al Señor

Queridos hermanos y hermanas:

            En Tupãrenda hemos vivido una Semana Santa y un Triduo Pascual muy especial. ¡Cómo olvidar la muchedumbre que acompañó la imagen del Señor de las Palmas en su ingreso a la Iglesia Santa María de la Trinidad! ¡Cómo olvidar la presencia serena y solemne de la Santísima Virgen en su advocación de Nuestra Señora de los Dolores! ¡Cómo olvidar la presencia inspiradora de san Juan, el discípulo amado!

            El Triduo Pascual inició con la solemne celebración de la Misa vespertina de la Cena del Señor. En ella, volvimos realizar el gesto del lavatorio de los pies, y tomamos conciencia de que Jesús es el que lava no solamente nuestros pies, sino nuestros corazones y nuestras vidas. Y así, Él nos capacita para acompañarlo. Porque Él nos acompaña con su misericordia, podemos nosotros acompañarlo con nuestro amor.

            En el Viernes Santo hemos revivido la crucifixión del Señor… Lo hemos contemplado en la Cruz, pendiendo de ella por nosotros; entregando su vida para liberarnos del pecado, del egoísmo, de la tristeza, de la soledad y de la muerte. ¡Lo vimos tan frágil al descender de la Cruz! Y ante la mirada serena y compasiva de la Dolorosa hemos besado sus llagas y venerado su cruz.

            Sí, verdaderamente hemos acompañado al Señor en estos días santos.

            Sin embargo, estos días santos, en particular las celebraciones del Sagrado Triduo Pascual, nos han mostrado que es Jesús el que nos acompaña. Y precisamente porque Él ha consumado el Misterio Pascual nos acompaña a lo largo de toda nuestra vida y en todos los ámbitos de nuestra vida.

Bautismo, inicio del camino

            Este acompañamiento que Jesús nos hace inicia ya desde el Bautismo –que renovaremos en esta celebración- . Cuando atravesamos la puerta de la fe, emprendemos con Jesús, un camino que dura toda la vida. “Éste empieza con el bautismo (cf. Rm 6, 4), con el que podemos llamar a Dios con el nombre de Padre, y se concluye con el paso de la muerte a la vida eterna, fruto de la resurrección del Señor Jesús que, con el don del Espíritu Santo, ha querido unir en su misma gloria a cuantos creen en él (cf. Jn 17, 22).”[1]

            Desde el Bautismo Jesús nos acompaña, nos acompaña tan íntimamente que por su Espíritu habita en nuestros corazones y nos identifica con él, haciéndonos hijos e hijas del Padre. En cada etapa de la vida se acerca a nosotros a través de los sacramentos de su Iglesia: perdona nuestras faltas y pecados en el sacramento de la Reconciliación; alimenta nuestra vida cristiana en la Eucaristía; robustece nuestro testimonio de fe y nuestra capacidad de apostolado en la Confirmación; bendice copiosamente el amor esponsalicio en el matrimonio; constituye pastores para su Pueblo en el sacramento del Orden; y fortalece nuestro cuerpo y nuestra alma en la Santa Unción.

            Sí, el Señor nos acompaña en todas las etapas y dimensiones de nuestra vida. En cada etapa de la vida, de forma siempre nueva y original, Jesús sale a nuestro encuentro, y como a las mujeres del evangelio nos dice: «Alégrense». Verdaderamente, quien cree nunca está solo.

Misterio Pascual

            En esta noche santa, en la que nuestro Señor Jesucristo pasó de la muerte a la Vida”[2], tratamos de penetrar en el misterio central de nuestra fe cristiana: la resurrección del Señor. Y al mismo tiempo, renovamos nuestra fe y esperanza en que participaremos de esa resurrección.

Vigilia Pascual 2023
Iglesia Santa María de la Trinidad 
    En el fondo renovamos nuestra fe en que Jesús nos acompañará siempre, incluso allí donde el camino se hace menos claro, el momento de la muerte. Precisamente, en el Sábado Santo contemplamos lo que nos dice el Credo respecto del Señor Jesús: “descendió a los infiernos”; es decir, a lugar de los muertos.

            ¿Qué ocurrió entonces? Ya que no conocemos el mundo de la muerte, sólo podemos figurarnos este proceso de la superación de la muerte a través de imágenes que siempre resultan poco apropiadas. Sin embargo, con toda su insuficiencia, ellas nos ayudan a entender algo del misterio. La liturgia aplica las palabras del Salmo 23 [24] a la bajada de Jesús en la noche de la muerte: “¡Portones!, alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas!” Las puertas de la muerte están cerradas, nadie puede volver atrás desde allí. No hay una llave para estas puertas de hierro. Cristo, en cambio, tiene esta llave. Su Cruz abre las puertas de la muerte, las puertas irrevocables. Éstas ahora ya no son insuperables. Su Cruz, la radicalidad de su amor es la llave que abre estas puertas. El amor de Cristo que, siendo Dios, se ha hecho hombre para poder morir; este amor tiene la fuerza para abrir las puertas. Este amor es más fuerte que la muerte.”[3]

            Jesús ya ha realizado este camino por nosotros. Y ahora, nos invita a que confiemos en Él; a que nos unamos íntimamente a Él renovando nuestro Bautismo, para así seguir caminando con Él y Él con nosotros. En esta noche santa Él nos dice a cada uno: Resurrexi, et adhuc tecum sum - ¡He resucitado, y aquí estoy contigo!

            Sí, Él nos acompaña en el día a día; desde el Bautismo hasta la santa unción, e incluso más allá. Él nos acompañará en el momento en que tengamos que atravesar las puertas de la muerte, y porque Él está con nosotros –adhuc tecu sum-, la muerte será camino hacia la resurrección, hacia la Vida plena, la Vida en abundancia. «Alégrense»

            A María, a quien hoy contemplamos y saludamos como Regina Coeli – Reina del Cielo, le pedimos que Ella también nos acompañe a lo largo del tiempo pascual que hoy iniciamos, para renovarnos en el Bautismo en Cristo y así seguir caminando con Él, “que resucitado de entre los muertos brilla sereno para el género humano, y vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.”[4]

 

P. Oscar Iván Saldívar, P.Sch.

Rector del Santuario de Tupãrenda – Schoenstatt

 



[1] BENEDICTO XVI, Porta Fidei, 1.

[2] MISAL ROMANO, Vigilia Pascual en la Noche Santa

[3] BENEDICTO XVI, Vigilia Pascual en la Noche Santa, 7 de abril de 2007

[4] MISAL ROMANO, Pregón Pascual

domingo, 16 de abril de 2023

Jueves Santo 2023 - «¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes?»

 

Misa vespertina de la Cena del Señor – Ciclo A – 2023

Jn 13, 1 – 15

«¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes?»

Queridos hermanos y hermanas:

            Cuando iniciamos la Semana Santa con la celebración del Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, quisimos acompañar a Jesús. Acompañarlo en su entrada a Jerusalén, pero sobre todo, acompañarlo en los días santos de su Pasión, Muerte y Resurrección.

            Con María, Nuestra Señora de los Dolores, y san Juan, el discípulo amado, fuimos parte de esa gran muchedumbre que desde Jericó acompañó al Señor en su peregrinación a Jerusalén, una peregrinación cuya meta última era “la entrega de sí mismo en la cruz” manifestando así su amor por nosotros, su amor hasta el fin (cf. Jn 13, 1).

Acompañar a Jesús

            En este Jueves Santo, seguimos acompañando a Jesús y a sus discípulos. También nosotros, al igual que los discípulos, en estos días le hemos preguntado al Señor: «¿Dónde quieres que te preparemos la comida pascual?» (cf. Mt 26, 14 – 25); y escuchando su voz en nuestros corazones y en nuestros anhelos, hemos preparado la Pascua; hemos preparado nuestros corazones, hemos preparado el lugar y los ritos para celebrar el Triduo Pascual.

            Sí, queremos acompañar a Jesús en estos días santos, en estos días de su “gran semana”, la gran semana de nuestra fe. Sin embargo sabemos, por propia experiencia, que no es fácil velar en oración y acompañar al Señor. Aún en medio de los preparativos; aún medio de los momentos de oración y de reflexión, nos distraemos, nuestro corazón se duerme y dejamos de acompañar a Jesús.

            Volvemos a preguntarnos entonces: ¿qué significa acompañar a Jesús? ¿Qué debemos hacer para acompañarlo sincera y auténticamente?

¿Qué debemos hacer para acompañarlo?

            Y precisamente con la celebración de esta Misa vespertina de la Cena del Señor, nos damos cuenta de que para que nosotros podamos acompañar a Jesús durante estos días santos –y durante todos los días de nuestra vida-, en realidad, en primer lugar debemos dejarnos acompañar por Él.

            Como lo expresa tan bellamente un pasaje de la Primera Carta de san Juan: «el amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó primero» (1 Jn 4, 10). Sí, el amor de Dios siempre es primero; el amor de Dios en Cristo, siempre es primero. Llega a nosotros, nos asombra, nos sana y nos capacita para responder con nuestro pequeño amor, al amor más grande, el amor hasta el fin.

            Es lo que experimentaron los discípulos, y se llenan de asombro. También ellos han querido acompañar a Jesús, pensando que lo harían con sus propias fuerzas. Sin embargo, el Maestro debe lavarlo sus pies –lavar sus corazones, sus vidas, sus heridas- y sólo después podrán los discípulos lavarse los unos a los otros, y juntos a los demás.

            Primero es Jesús quien nos acompaña, y como respuesta a esa experiencia, nosotros nos animamos a acompañar a Jesús en su caminar.

            Somos un poco como Pedro, quien asombrado –y casi escandalizado- dice: «¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?». Y ante la serena, pero firme respuesta de Jesús, Pedro –y también nosotros- acepta que el Señor debe lavar sus pies, el Señor debe acompañarlo para que luego él pueda seguirlo: «Si yo no te lavo, no podrás compartir mi suerte».

«¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes?»

           

Rito del lavatorio de pies.
Iglesia Santa María de la Trinidad.
Sí, necesitamos dejarnos acompañar por Jesús, para que nosotros podamos acompañarlo a Él, para que nosotros podamos seguirlo a Él. Necesitamos dejarnos lavar por su misericordia.

            Hoy, es el mismo Señor que vuelve a lavar nuestros pies y nuestros corazones; hoy es el mismo Señor que vuelve a darse en su Cuerpo y en su Sangre como alimento e íntima presencia en nuestro corazón. Hoy es el mismo Señor, quien con el gesto del lavado de los pies y de la cena, anticipa su entrega redentora en la Cruz por nosotros y por toda la humanidad.

            También a nosotros nos dirige la pregunta: «¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes?». ¿Comprenden que es mi amor misericordioso el que los capacita para seguirme y para amar conmigo a los demás?

            En esta noche santa, dejemos que el Señor lave nuestros pies y nuestros corazones; recordemos en oración, todos los momentos y situaciones en los que el Señor nos ha lavado con su misericordia, nos ha amado con su misericordia, nos ha acompañado con su misericordia.

            Y la memoria agradecida y viva de ese amor, nos dará fuerza para responder a su amor hasta el fin, con nuestro amor día a día.

            Que María Santísima y el discípulo amado intercedan por nosotros para que abramos nuestros corazones a ese amor que Jesús nos tiene, ese amor hasta el fin que nos permite también a nosotros amar día a día y hasta el fin. Que así sea.

 

P. Oscar Iván Saldívar, P.Sch.

Rector del Santuario de Tupãrenda- Schoenstatt

lunes, 3 de abril de 2023

Domingo de Ramos 2023 - Acompañar a Jesús

 

Domingo de Ramos en la Pasión del Señor – Ciclo A - 2023

Mt 21, 1 – 11

 Mt 26, 3 - 5. 14 — 27, 66

Acompañar a Jesús

Queridos hermanos y hermanas:

Como cada año, hemos conmemorado la entrada del Señor en Jerusalén. Lo hemos hecho con el rito de la bendición de las palmas y de los ramos; y sobre todo, con la procesión del Domingo de Ramos.

 La entrada del Señor en Jerusalén

            Gracias a esta expresión de nuestra fe y de nuestra religiosidad popular, nos hacemos contemporáneos a los acontecimientos vividos por Jesús, sus discípulos y seguidores, y los habitantes de Jerusalén. Por un momento, también nosotros, como Pueblo de Dios, nos pusimos en camino detrás de nuestro Maestro y Señor, y lo hemos aclamado diciendo: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!» (Mt 21, 9).

            El texto evangélico que se proclama luego de la bendición de los ramos y antes de la procesión (cf. Mt 21, 1 – 11), no nos da detalles de quiénes acompañaban a Jesús en su peregrinación y en su entrada a la Ciudad Santa. Simplemente nos dice que «cuando se acercaron a Jerusalén y llegaron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió a dos discípulos» (Mt 21, 1) para traer un asna atada, junto con su cría, sobre la cual Él haría su entrada mesiánica a Jerusalén.

            Por lo tanto, podemos inferir que sus discípulos acompañaban a Jesús. “Jesús se había puesto en camino junto con los Doce, pero poco a poco se fue uniendo a ellos un grupo creciente de peregrinos; Mateo y Marcos nos dicen que, ya al salir de Jericó, había una «gran muchedumbre» que seguía a Jesús (Mt 20, 29; cf. Mc 10, 46).”[1]

La entrega de sí mismo

            Sí, de alguna manera lo hemos revivido hoy. Hemos sido nosotros esa “gran muchedumbre” que acompaña a Jesús y a sus discípulos. De manera especial, hoy, gracias a las imágenes sagradas de la Dolorosa y de san Juan, también hemos experimentado cómo María, la Madre y Compañera de Jesús; junto con el discípulo amado, acompañan este caminar del Señor a Jerusalén; acompañan su subida a Jerusalén, cuya meta última es “la entrega de sí mismo en la cruz, una entrega que reemplaza los sacrificios antiguos; es la subida que la Carta a los Hebreos califica como un ascender, no ya a una tienda hecha por mano de hombre, sino al cielo mismo, es decir, a la presencia de Dios (9, 24). Esta ascensión hasta la presencia de Dios pasa por la cruz, es la subida hacia el «amor hasta el extremo» (cf. Jn 13, 1), que es el verdadero monte de Dios.”[2]

            Precisamente, luego de la conmemoración de la entrada del Señor en Jerusalén, la liturgia nos presente la proclamación de la Pasión del Señor. La escucha atenta de este texto, proclamado de forma solemne y en al ámbito litúrgico de este día, también nos hace contemporáneos a los acontecimientos de la Pasión del Señor. De alguna manera también hemos acompañado a Jesús en su camino al calvario, en su camino a la cruz.        

Acompañar a Jesús

            Sin embargo, debemos preguntarnos ¿qué significa acompañar a Jesús? ¿Qué significa acompañarlo durante estos días santos?

            Los evangelios nos dicen que sus discípulos y una multitud de peregrinos lo acompañaron en su subida a Jerusalén y en su ingreso a la misma. Pero también nos refieren que los mismos habitantes de Jerusalén estaban conmovidos ante tal acontecimiento y se preguntaban: «¿Quién es este?» (Mt 21, 10).

Imágenes sagradas
Ntra. Señora de los Dolores; el Señor de las Palmas 
y san Juan.
Iglesia Santa María de la Trinidad
Itauguá/Ypacaraí, Paraguay.

Es cierto que los que lo acompañaban respondieron: «Es Jesús, el profeta de Nazaret en Galilea» (Mt 21, 11). ¿Pero cuánto conocían a Jesús? ¿Cuánto conocían sus enseñanzas y su estilo de vida? ¿Cuánto de ese estilo de vida asumieron? Junto con la multitud entusiasmada, se habrán unido curiosos y otros que se sintieron atraídos por Jesús o por el ambiente festivo que se había generado con su entrada mesiánica a Jerusalén. ¿Cuántos lo acompañaron al calvario?

Sabemos que ni siquiera sus propios discípulos lo acompañaron, a pesar de que Pedro y los demás dijeron: «Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré» (Mt 26, 35). En efecto, en el momento de su arresto «todos los discípulos lo abandonaron y huyeron» (Mt 26, 56).

Además, nuevamente, tantos curiosos se acercaron al calvario… Pero no para acompañar a Jesús, ni siquiera para ser testigos de su entrega, sino más bien para burlarse y denigrarlo.

¿Qué significa acompañar a Jesús? ¿Cómo queremos acompañarlo en estos días santos? ¿Qué implica para nosotros acompañar al Señor?

Claramente, acompañar a Jesús en estos días santos es algo más que un caminar meramente exterior y físico. Sin duda que la participación en las celebraciones de la Semana Santa nos ayudarán a acercarnos a Él, a estar con Él. Pero debemos participar de ellas no sólo con una presencia exterior o por costumbre y tradición, sino con una presencia llena de alma, una presencia de corazón. Se trata de un camino interior, un camino del corazón.

El mismo Señor nos da una clave en la proclamación de la Pasión: «Quédense aquí, velando conmigo» (Mt 26, 38). Sí, acompañar a Jesús en estos días santos significa velar con Él, permanecer con Él despiertos en la oración. Sólo la constante oración, la oración que brota del corazón, es capaz de mantenernos despiertos y atentos; y así íntimamente unidos a Jesús.

Sólo si nuestro corazón está despierto podremos acompañar a Jesús en estos días santos; sólo si nuestro corazón está despierto verdaderamente nos dejaremos tocar por el Señor en los misterios de nuestra fe que celebraremos y viviremos en estos días santos; sólo si nuestro corazón está despierto nuestro mundo interior volverá a estar abierto a la presencia y a la acción de Dios en nuestras vidas.

Pidamos esa gracia al iniciar hoy la Semana Santa; que María Santísima, la Dolorosa que permanece con Jesús al pie de la cruz, y que Juan, el discípulo amado, nos inspiren a permanecer despiertos en estos días santos, velando junto a Jesús en su camino pascual, anhelando vivir intensamente con Él su Misterio Pascual. Amén.  



[1] J. RATZINGER/BENEDICTO XVI, Jesús de Nazaret. Desde la Entrada en Jerusalén hasta la Resurrección (Ediciones Encuentro, S.A., Madrid 2011), 12.

[2] Ibídem