La vida es camino

Creo que una buena imagen para comprender la vida es la del camino. Sí, la vida es un camino. Y vivir se trata de aprender a andar ese camino único y original que es la vida de cada uno.
Y si la vida es un camino -un camino lleno de paradojas- nuestra tarea de vida es simplemente aprender a caminar, aprender a vivir. Y como todo aprender, el vivir es también un proceso de vida.
Se trata entonces de aprender a caminar, aprender a dar nuestros propios pasos, a veces pequeños, otras veces más grandes. Se trata de aprender a caminar con otros, a veces aprender a esperarlos en el camino y otras veces dejarnos ayudar en el camino. Se trata de volver a levantarnos una y otra vez cuando nos caemos. Se trata de descubrir que este camino es una peregrinación con Jesucristo hacia el hogar, hacia el Padre.
Y la buena noticia es que si podemos aprender a caminar, entonces también podemos aprender a vivir, podemos aprender a amar... Podemos aprender a caminar con otros...
De eso se trata este espacio, de las paradojas del camino de la vida, del anhelo de aprender a caminar, aprender a vivir, aprender a amar. Caminemos juntos!

jueves, 27 de octubre de 2022

Llamados a dar testimonio de Jesucristo - Tupãrenda 2022

 

 Domingo 29° del tiempo durante el año – Ciclo C – 2022

Lc 18, 1 – 8

Novena a la Madre, Reina y Victoriosa Tres veces Admirable de Schoenstatt

Santuario de Tupãrenda

Octavo día: Llamados a dar testimonio de Jesucristo con coherencia de vida

 

Queridos hermanos y hermanas:

            En el marco de la preparación a la Fiesta del 18 de Octubre en Tupãrenda, fiesta de la Alianza de Amor con María y fiesta del Santuario, nos reunimos a celebrar Eucaristía en el domingo, día de Cristo Resucitado.

            Es Cristo quien nos convoca a celebrar Eucaristía, es Cristo quien nos convoca a escuchar su Palabra y así nos desafía a vivir según su Evangelio, como auténticos discípulos suyos, como auténticos bautizados.

            De eso se trata el Año del Laicado que estamos viviendo como Iglesia en el Paraguay. Por un lado estamos llamados a “redescubrir el ser y la misión de los laicos” desde el sacramento del Bautismo; y por otro lado, estamos llamados a vivir en coherencia con la gracia bautismal que hemos recibido, en coherencia con nuestra fe, en coherencia con el Evangelio de Jesús.

            Redescubrir el gran don del Bautismo cristiano y vivir en coherencia con ese don: esta es nuestra tarea, esto es lo que esperamos de este Año del Laicado; esta gracia imploramos también aquí en Tupãrenda.

Coherencia de vida

            Vivir en coherencia con el gran don del Bautismo, con el gran don de la fe en Cristo. Si queremos vivir en coherencia con ese don, en primer lugar debemos re-descubrir ese don, re-descubrir ese gran regalo que es la fe en Cristo y el Bautismo. O más que re-descubrir ese don, se trata en realidad de descubrirlo como don por vez primera.

            Aunque somos bautizados, no hemos descubierto toda la riqueza que contiene nuestro Bautismo cristiano; aunque somos bautizados, no hemos descubierto toda la riqueza que contiene nuestra fe en Cristo. Porque muchas veces vivimos nuestra fe solamente como compromiso ético y no como don que nos da vida y vida en abundancia (cf. Jn 10, 10).

            Olvidamos que “no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva[1]

                Sí, el gran don de la fe es el encuentro con la persona de Jesucristo, vivo y presente en su Iglesia, en su Palabra y en los sacramentos.

Y “sólo gracias a ese encuentro —o reencuentro— con el amor de Dios [en Cristo], que se convierte en feliz amistad, somos rescatados de nuestra conciencia aislada y de la autorreferencialidad.”[2] Sólo gracias a ese encuentro recibimos la vida en abundancia y estamos en camino hacia una vida auténtica, plena y feliz.

Ése es el gran don de la fe, ése el gran don del cristianismo. Y es con este gran don que estamos llamados a vivir en coherencia. Ser coherentes con el don recibido en el Bautismo.

Misa desde el Santuario de Tupãrenda
Novenario 2022
En profundidad la coherencia cristiana es en primer lugar ser coherentes con la identidad más auténtica que nos regala el Bautismo: hijos e hijas de Dios Padre en Cristo Jesús; morada del Espíritu Santo y miembros del santo Pueblo de Dios. ¡Es hermosa la identidad que nos regala Cristo! Con esa identidad estamos llamados a ser coherentes y así a dar testimonio de Jesús en nuestras vidas.

Una vez que comprendemos la raigambre bautismal de la coherencia, podemos entonces decidirnos a cultivar con decisión la dimensión ética de la coherencia de vida; es decir, actuar concretamente en todas las dimensiones y ambientes de nuestra vida de acuerdo a nuestra identidad más propia y profunda: bautizados en Cristo, aliados de María, con una vocación de vida y con un ideal al cual aspiramos.          

El testimonio de la viuda del Evangelio

            En el fondo, ese es el testimonio que ofrece la viuda del evangelio (cf. Lc 18, 3); ese es el testimonio que ofrecen tantos hombres y mujeres de fe que a pesar de las adversidades e injusticas sufridas, no dejan de «orar siempre sin desanimarse» (Lc 18, 1), y así, con su oración dan testimonio de que Jesús está presente en sus corazones, de que Dios sigue obrando en el mundo de forma silenciosa pero eficaz allí donde hay un corazón creyente, un corazón con fe (cf. Lc 18, 8).

            En efecto, el que permanece en oración constante, y al mismo tiempo hace todo lo posible por realizar el bien concreto en su entorno, da testimonio de esperanza, da testimonio de que “cuando ya nadie me escucha, Dios todavía me escucha. (…) El que reza nunca está totalmente sólo”.[3]

            Y así el hombre y la mujer orantes y activos en el servicio a los demás, dan testimonio de Cristo, porque en el fondo son coherentes con su vocación bautismal, con el gran don recibido en el Bautismo. El que es uno con Cristo, el que está movido por el Espíritu y se sabe hijo del Padre y hermano de todos los miembros del Pueblo de Dios, no puede sino irradiar eso que lleva en el corazón con su oración y su acción.

            El que conoce su identidad cristiana y la asume, connaturalmente vive esa identidad en su obrar y así irradia desde su interior a Cristo vivo y presente en él.   

            Al renovar hoy nuestra Alianza de Amor con María, renovemos también nuestra conciencia de bautizados en Cristo, para que desde el corazón y en oración, nos pongamos al servicio de la edificación de la Nación de Dios en Paraguay. Amén.

 

P. Oscar Iván Saldívar, P.Sch.

Rector del Santuario de Tupãrenda – Schoenstatt

16 de octubre de 2022



[1] BENEDICTO XVI, Deus Caritas Est, 1.

[2] FRANCISCO, Evangelii Gaudium, 8.

[3] BENEDICTO XVI, Spe Salvi, 32.