Misa Vespertina de la Cena del Señor – Ciclo A – 2026
1
Cor 11,
23 – 26
Jn
13,
1 – 15
«Para que hagan lo mismo
que yo»
Queridos hermanos y
hermanas:
Con esta celebración vespertina iniciamos el Sagrado Triduo Pascual. Y al hacerlo
vale la pena recalcar que con ella nos adentramos en el núcleo de nuestra fe, en
el fundamento de nuestra esperanza y en la fuente de nuestro amor. Aquí está el
centro de nuestra vida cristiana.
Y de alguna manera esto se sintetiza en lo que hoy
celebramos: la Eucaristía. En este
misterio, Jesús se nos revela como Aquel que se dona totalmente: en el pan y el
vino convertidos –por obra del Espíritu Santo- en su Cuerpo y Sangre; y en el
gesto humilde del lavatorio de los pies.
Donación y servicio: dos dimensiones de un mismo amor; del «amor hasta el fin.» (cf. Jn 13,
1).
«Esto es mi Cuerpo, que se entrega
por ustedes»
San Pablo, en la Primera
Carta a los Corintios (1 Cor 11, 23 – 26) nos pone directamente ante el
misterio eucarístico: «Esto es mi Cuerpo,
que se entrega por ustedes».
No
se trata de un gesto vacío ni de un simple recuerdo. Estamos ante una realidad
profunda y misteriosa: el pan y el vino se convierten verdaderamente en el Cuerpo
y la Sangre de Cristo. En cada Eucaristía
el Señor Jesús actualiza su entrega. No es algo del pasado; se trata de una
realidad presente y actuante en nuestro hoy. Y esta entrega eucarística es por
todos. Por cada uno de nosotros, sin excluir a nadie.
Cada vez que celebramos la Eucaristía,
Cristo se ofrece al Padre por nosotros, y al mismo tiempo se nos da como
alimento. Nos hace partícipes de su amor, nos introduce en su entrega.
«Denles ustedes mismos de comer»
La entrega eucarística de Cristo Jesús no solamente nos
alimenta, sino que nos implica en su ofrecimiento
al Padre y nos capacita, para con Él entregarnos a los demás; entregarnos a
nuestros hermanos.
La Iglesia en el Paraguay está viviendo un año pastoral
dedicado al bien común, inspirada por
el lema: «Denles ustedes mismos de comer»
(Mt 14, 16). Estas palabras provienen
de un relato considerado eucarístico: la primera multiplicación de los panes
en el Evangelio según san Mateo (cf. Mt 14, 13 – 21).
Conocemos el relato. Los discípulos preocupados por la
cantidad de gente que seguía a Jesús, proponen dispersar a la muchedumbre y que
cada quien se consiga su propio alimento. Pero el Señor responde: «No es necesario que se vayan, denles de
comer ustedes mismos» (Mt 14,
16).
Los discípulos tenían poco: cinco panes y dos pescados. Pero
eso poco, puesto en manos del Señor se convierte en alimento para todos. Jesús los
multiplica para que los discípulos los repartan y así den de comer a la
multitud (cf. Mt 14, 17 – 19).
Una
vez más la presencia y la acción del Señor posibilita el alimentar a los demás,
el colaborar para el bien común y
salir de la dinámica de pensar solamente en el bien individual. Jesús rompe la
lógica del individualismo.
Así también ocurre con nosotros. Cuando ponemos lo poco que tenemos en
manos de Cristo, Él lo transforma y lo multiplica. Y nos hace capaces de
colaborar en el bien de los demás, de salir de la lógica del individualismo
para entrar en la lógica del bien común.
«Para que hagan lo mismo
que yo»
Tanto el relato de
la multiplicación de los panes, como el relato joánico de la institución de la Eucaristía (cf. Jn 13, 1 – 15) nos muestran que la entrega del Señor por nosotros
nos capacita para con Él y como Él entregarnos a los demás.
Comprendemos entonces que la Eucaristía verdaderamente es realización del bien común. En primer lugar porque actualiza y realiza la redención de los hombres –de todos y de cada uno- y en segundo lugar porque nos implica en la realización del bien común en nuestras familias, nuestras comunidades y en la sociedad toda.
Con razón el Señor nos dice también a nosotros hoy: «Les he dado el ejemplo, para que hagan lo
mismo que yo hice con ustedes» (cf. Jn
13, 15). Cada Misa nos envía.
Cada comunión nos compromete. Cada encuentro con Cristo nos transforma en
servidores.
Hoy el Señor nos vuelve a decir: «hagan lo mismo que yo». Que no resuene simplemente como una frase
bonita. Que esta palabra evangélica se transforme para cada uno de nosotros en
un programa de vida. «Hagan lo mismo que
yo».
María de Tupãrenda, Madre
del bien común
A María, Madre del
bien común, que en Tupãrenda nos educa y nos envía a construir la Nación de Dios, le pedimos que nos ayude
a vivir cada celebración eucarística de tal manera que, alimentándonos de la
entrega de Cristo, seamos capaces de entregarnos a los demás con gestos
concretos de amor y servicio, haciendo lo mismo que Jesucristo, Nuestro Señor.
Amén.
P. Óscar Iván
Saldívar, I.Sch.
Rector
del Santuario de Tupãrenda – Schoenstatt
