La vida es camino

Creo que una buena imagen para comprender la vida es la del camino. Sí, la vida es un camino. Y vivir se trata de aprender a andar ese camino único y original que es la vida de cada uno.
Y si la vida es un camino -un camino lleno de paradojas- nuestra tarea de vida es simplemente aprender a caminar, aprender a vivir. Y como todo aprender, el vivir es también un proceso de vida.
Se trata entonces de aprender a caminar, aprender a dar nuestros propios pasos, a veces pequeños, otras veces más grandes. Se trata de aprender a caminar con otros, a veces aprender a esperarlos en el camino y otras veces dejarnos ayudar en el camino. Se trata de volver a levantarnos una y otra vez cuando nos caemos. Se trata de descubrir que este camino es una peregrinación con Jesucristo hacia el hogar, hacia el Padre.
Y la buena noticia es que si podemos aprender a caminar, entonces también podemos aprender a vivir, podemos aprender a amar... Podemos aprender a caminar con otros...
De eso se trata este espacio, de las paradojas del camino de la vida, del anhelo de aprender a caminar, aprender a vivir, aprender a amar. Caminemos juntos!

miércoles, 24 de diciembre de 2014

El comienzo de nuestra redención - Noche Buena 2014

El comienzo de nuestra redención
Noche Buena 2014

Queridos hermanos y hermanas:

Con esta Misa Vespertina de la Vigilia de la Natividad del Señor iniciamos el tiempo de Navidad. Y con esta solemnidad de la Natividad del Señor celebramos “el comienzo de nuestra redención”.[1] Cada año, al celebrar la Navidad, celebramos el inicio de nuestra redención, el inicio de nuestra salvación.

El comienzo de nuestra redención

            La redención de la humanidad se inicia con la encarnación del Hijo de Dios y con su nacimiento en Belén de Judá. ¡Qué inicio más sencillo, pequeño, íntimo y frágil! La salvación de toda la humanidad comienza con el de una sencilla muchacha de Nazaret (cf. Lc 1,38) y con el nacimiento de un niño en un pesebre (cf. Lc 2,7).

             Nazaret y Belén ponen ante nuestros ojos el hecho de que el inicio de lo más grande radica en lo más pequeño. No en vano durante su predicación Jesús dirá: “El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo. En realidad, ésta es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en un arbusto, de tal manera que los pájaros del cielo van a cobijarse en sus ramas” (Mt 13, 31-32).

            Sí, el Reino de los Cielos se inicia en lo pequeño, en lo íntimo y frágil, pero crece hasta manifestarse, fortalecerse y ser capaz de cobijar, de regalarse.

No sólo la salvación de toda la humanidad comienza en la intimidad de Nazaret y en la fragilidad de Belén; también, la salvación de cada uno de nosotros comienza en la pequeñez, en la intimidad y en la fragilidad de nuestros corazones cuando se abren al encuentro con Jesús. “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva.”[2]

            Sí, son los comienzos pequeños y frágiles los que inician la salvación en nuestras vidas, los que inician el nacimiento de Jesús en nuestros corazones. Cada nuevo comienzo, cada volver a empezar, cada volver a creer en el amor de Dios, cada volver a perdonar, cada volver a dar una oportunidad al otro, cada volver a abrazar, cada volver a decidirse por el bien, es el comienzo de nuestra redención. Comienzo siempre íntimo, pequeño y frágil. Comienzo que necesita ser cultivado y sostenido con la fe, con el amor y con la esperanza cada día.

No temas José; no temas María

Cada nuevo comienzo es hermoso, pero también frágil y nos produce algo de temor, de incertidumbre. Es por ello que el ángel del Señor debe infundirle valor a José diciéndole: “José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo.” (Mt 1, 20). También en la anunciación del Señor a María, el ángel Gabriel debe insistir: “No temas, María, porque Dios te ha favorecido.” (Lc 1,30).

En esta noche santa al contemplar al Niño en el pesebre comprendemos que todo nuevo inicio, que todo nuevo comienzo es siempre frágil. Frágil como el Niño que hoy se nos regala, pero también hermoso.

Sobre todo, el volver a empezar en la vida es siempre frágil; el dejar atrás el pecado, el egoísmo y la indiferencia siempre son decisiones fuertes y frágiles a la vez. Fuertes, porque implican un cambio de vida, de actitud. Frágiles, porque siempre se puede volver atrás. ¿Cómo volver a empezar entonces?

Si contemplamos el Evangelio y observamos a José y a María, comprenderemos que la única manera de volver a empezar, la única manera de encarar un nuevo comienzo es confiando. El temor siempre nos paraliza. La confianza nos dinamiza y despierta la creatividad y el amor.

José y María han confiado en el Señor, en el Dios de Israel,  el Dios de las promesas. José y María han confiado el uno en el otro, y por eso pudieron asumir este nuevo inicio, este nuevo comienzo en la historia de la salvación. Por eso pudieron recibir a este pequeño Niño que crecería para ser fuente de salvación para toda la humanidad.

Por eso, cada uno de nosotros en esta noche santa y ante cada desafío, ante cada nuevo inicio, debemos escuchar en nuestro interior la voz de Dios que nos dice: “No temas, porque este nuevo comienzo, este nuevo paso, este volver a empezar, proviene del Espíritu Santo”. Y cuando nos dejamos guiar por el Espíritu de Dios experimentamos entonces que “todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta: «La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel», que traducido significa: «Dios con nosotros».” (Mt 1, 22-23).  

En cada nuevo comienzo, está Jesús, está el Niño, está el Dios-con-nosotros. Animémonos a creer en esta buena noticia y dejemos que Aquél que inició en nosotros la obra de nuestra redención, Él mismo la lleva a término. Que así sea. Amén.  






[1]MISAL ROMANO, Misa Vespertina de la Vigilia de la Natividad del Señor, Oración sobre las ofrendas.
[2] BENEDICTO XVI, Deus Caritas est 1.

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