La vida es camino

Creo que una buena imagen para comprender la vida es la del camino. Sí, la vida es un camino. Y vivir se trata de aprender a andar ese camino único y original que es la vida de cada uno.
Y si la vida es un camino -un camino lleno de paradojas- nuestra tarea de vida es simplemente aprender a caminar, aprender a vivir. Y como todo aprender, el vivir es también un proceso de vida.
Se trata entonces de aprender a caminar, aprender a dar nuestros propios pasos, a veces pequeños, otras veces más grandes. Se trata de aprender a caminar con otros, a veces aprender a esperarlos en el camino y otras veces dejarnos ayudar en el camino. Se trata de volver a levantarnos una y otra vez cuando nos caemos. Se trata de descubrir que este camino es una peregrinación con Jesucristo hacia el hogar, hacia el Padre.
Y la buena noticia es que si podemos aprender a caminar, entonces también podemos aprender a vivir, podemos aprender a amar... Podemos aprender a caminar con otros...
De eso se trata este espacio, de las paradojas del camino de la vida, del anhelo de aprender a caminar, aprender a vivir, aprender a amar. Caminemos juntos!

jueves, 12 de marzo de 2015

Fortalecer nuestro corazón

Fortalecer nuestro corazón 
Jueves III de Cuaresma[1]

“Ojalá hoy escuchen la voz del Señor: «No endurezcan su corazón».”
Salmo 94,8

       Claramente hoy en la liturgia de la Palabra resuena con insistencia este pedido: “escuchen la voz del Señor, no endurezcan su corazón”.

            El evangelio que hemos escuchado (Lc 11,14-23) nos muestra las consecuencias de un corazón endurecido: desconfianza, sobre-exigencia, ceguera e incapacidad de reconocer que el Reino de Dios ha llegado a nosotros. El corazón duro ya no es capaz de escuchar la voz del Señor, ya no es capaz de percibir la presencia y acción de Jesús en el día a día.

            Se endurece nuestro corazón cuando dejamos –por negligencia, por descuido- que se vuelva cómodo y avaro; cuando nos entregamos a la búsqueda enfermiza y sin sentido de placeres superficiales; cuando nos encerramos en nosotros mismos y nos hacemos indiferentes a la vida de los demás.[2] Allí “ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien.”[3]

Fortalecer nuestro corazón

            ¿Qué hacer para que nuestro corazón no se endurezca? ¿Qué hacer para que el Señor quite de nosotros el corazón de piedra y nos dé un corazón de carne? (cf. Ez 36,26).

            Estamos invitados a vivir este tiempo de Cuaresma “como un camino de formación del corazón”.[4]

            Sí, debemos volver a despertar nuestro corazón –nuestra interioridad-, sacarlo de la comodidad y la indiferencia. La Cuaresma es un tiempo especialmente apropiado para dejarnos tocar por la Palabra de Dios y por las necesidades de quienes nos rodean. Y en ese sentido es un tiempo para fortalecer nuestro corazón.

            Pues necesitamos un corazón fuerte para amar de verdad, para resistir a la tentación de la auto-suficiencia y de la indiferencia (cf. Lc 11,21-22). Porque “tener un corazón misericordioso no significa tener un corazón débil. Quien desea ser misericordioso necesita un corazón fuerte, firme, cerrado al tentador pero abierto a Dios. Un corazón que se deje impregnar por el Espíritu y guiar por los caminos del amor que nos llevan a los hermanos y hermanas.”[5]

            Que el Señor nos enseñe a escuchar su voz y María eduque nuestro corazón para fortalecerlo. Amén.



[1] Jueves, 12 de marzo de 2015. Jueves III de Cuaresma, Ciclo B.
[2] Cf. PAPA FRANCISCO, Evangelii Gaudium 2.
[3] Ídem
[4] PAPA FRANCISCO, Fortalezcan sus corazones (St 5,8), Mensaje del papa Francisco para la Cuaresma 2015. Disponible en línea en: 
[5] Ídem

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