La vida es camino

Creo que una buena imagen para comprender la vida es la del camino. Sí, la vida es un camino. Y vivir se trata de aprender a andar ese camino único y original que es la vida de cada uno.
Y si la vida es un camino -un camino lleno de paradojas- nuestra tarea de vida es simplemente aprender a caminar, aprender a vivir. Y como todo aprender, el vivir es también un proceso de vida.
Se trata entonces de aprender a caminar, aprender a dar nuestros propios pasos, a veces pequeños, otras veces más grandes. Se trata de aprender a caminar con otros, a veces aprender a esperarlos en el camino y otras veces dejarnos ayudar en el camino. Se trata de volver a levantarnos una y otra vez cuando nos caemos. Se trata de descubrir que este camino es una peregrinación con Jesucristo hacia el hogar, hacia el Padre.
Y la buena noticia es que si podemos aprender a caminar, entonces también podemos aprender a vivir, podemos aprender a amar... Podemos aprender a caminar con otros...
De eso se trata este espacio, de las paradojas del camino de la vida, del anhelo de aprender a caminar, aprender a vivir, aprender a amar. Caminemos juntos!

sábado, 23 de octubre de 2021

Víspera de la Fiesta de Tupãrenda 2021

 

Domingo 29° del tiempo durante el año – Ciclo B – 2021

Novenario Tupãrenda 2021

9° día: La Eucaristía y la Nación de Dios

 

Queridos hermanos y hermanas:

            El inicio del evangelio que acabamos de escuchar (Mc 10, 35 – 45) nos presenta un particular pedido de los hijos de Zebedeo a Jesús: «Concédenos sentarnos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda cuando estés en tu gloria».

«Concédenos sentarnos...»

            «Uno a tu derecha y el otro a tu izquierda». Se trata de la tentación siempre presente de buscar los primeros puestos, de buscar posiciones de poder, prestigio y privilegio. Se trata de ese impulso tan arraigado de pensar sólo en uno mismo: la conciencia que se aísla de los demás, “la vida interior que se clausura en los propios intereses, y ya no tiene espacio para los demás”.[1]

            Ante tal pretensión el Señor responde: «no saben lo que piden». Sí, ni los discípulos de ese entonces, ni nosotros, discípulos de hoy, sabemos lo que pedimos cuando obsesivamente buscamos poder, prestigio y privilegio.

            No sabemos porque no tomamos conciencia de que la búsqueda enfermiza del propio yo y sus caprichos a la larga genera una “tristeza individualista”[2] que deja vacío nuestro corazón. Y sobre todo, no terminamos de comprender que las dinámicas del Evangelio y del Reino de Dios son muy distintas de las dinámicas egoístas de la búsqueda de poder a cualquier precio.

            Jesús lo vuelve a decir claramente: «aquellos a quienes se considera gobernantes, dominan a las naciones como si fueran sus dueños, y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así.»

            Los cristianos, aún cuando estemos en posiciones de gobierno o autoridad, no debemos ni podemos comportarnos como dueños de nuestros hermanos ni como dominadores de los mismos.

            La autoridad, el gobierno y el poder están llamados a ser un servicio, no un atributo que nos pertenece y del cual podemos simplemente usar y abusar en beneficio propio. La auténtica autoridad es siempre servicio a los demás; en cambio, la autoridad y poder corrompidos, consisten en servirse de los demás. «Entre ustedes no debe suceder así».

La Eucaristía y la Nación de Dios

            El camino que Jesús nos traza para salir de la dinámica del egoísmo y la corrupción comienza con nosotros mismos, con nuestra conversión, con nuestra transformación interior: «el que quiera ser el primero, que se haga el servidor de todos».

            La verdadera grandeza está en el servicio a los demás, en el servicio auténtico al bien común; es decir, al bien que abarca a todos y no a unos pocos: a un grupo, a un partido, a un clan familiar.

            Jesús nos llama a servir a todos, sin distinción, porque Él mismo vino «para servir y dar su vida en rescate por una multitud».

           

Misa del 17 de octubre de 2021
Iglesia Santa María de la Trinidad
Transmitida por C9N
Este es el camino, la actitud y el estilo de vida que tenemos que asumir si en verdad queremos ser forjadores de la Nación de Dios en Paraguay. Si en verdad queremos desde nuestra fe, desde nuestro encuentro con Jesús Eucaristía, plasmar una sociedad más humana, más fraterna, más solidaria.

            La justicia, la verdad y el amor –los pilares de la Nación de Dios- reinarán en Paraguay el día en que cada uno de nosotros se decida por vivir estos valores de forma concreta, constante y coherente en todas las dimensiones de la vida: personal, familiar, laboral, social y política.

            Dejemos de lado los sectarismos y abracemos juntos el ideal y el proyecto de hacer de Paraguay una Nación de Dios. Sólo así la Nación de Dios se irá manifestando en lo cotidiano, e irá creciendo y fortaleciéndose, para hacer frente a esa otra nación, a ese otro proyecto que constantemente nos amenaza a todos: la nación de la corrupción, la violencia, el secuestro y el narcotráfico.

            Que Jesucristo, buen Pastor, y María, Madre y Reina de la Nación de Dios, nos tomen como sus instrumentos y nos ayuden a ponernos al servicio de todos nuestros hermanos, de modo que gastemos nuestra vida forjando la Nación de Dios en nuestra patria. Que así sea. Amén.

 

P. Oscar Iván Saldívar, I.Sch.

Rector del Santuario Tupãrenda – Schoenstatt

17 de Octubre de 2021    



[1] Cf. PAPA FRANCISCO, Evangelii Gaudium, 2

[2] Ibídem

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