La vida es camino

Creo que una buena imagen para comprender la vida es la del camino. Sí, la vida es un camino. Y vivir se trata de aprender a andar ese camino único y original que es la vida de cada uno.
Y si la vida es un camino -un camino lleno de paradojas- nuestra tarea de vida es simplemente aprender a caminar, aprender a vivir. Y como todo aprender, el vivir es también un proceso de vida.
Se trata entonces de aprender a caminar, aprender a dar nuestros propios pasos, a veces pequeños, otras veces más grandes. Se trata de aprender a caminar con otros, a veces aprender a esperarlos en el camino y otras veces dejarnos ayudar en el camino. Se trata de volver a levantarnos una y otra vez cuando nos caemos. Se trata de descubrir que este camino es una peregrinación con Jesucristo hacia el hogar, hacia el Padre.
Y la buena noticia es que si podemos aprender a caminar, entonces también podemos aprender a vivir, podemos aprender a amar... Podemos aprender a caminar con otros...
De eso se trata este espacio, de las paradojas del camino de la vida, del anhelo de aprender a caminar, aprender a vivir, aprender a amar. Caminemos juntos!

domingo, 22 de abril de 2018

«Yo soy el buen Pastor»

Domingo 4° de Pascua – Ciclo B

Jn 10, 11 – 18  

«Yo soy el buen Pastor»

Queridos hermanos y hermanas:

            En este Domingo 4° de Pascua contemplamos a Jesucristo como “Buen Pastor resucitado que nos da la Vida en abundancia y nos congrega en un solo rebaño”[1]. En efecto, en el evangelio que se proclama hoy (Jn 10, 11 – 18) escuchamos parte del discurso en el cual Jesús se presenta a sí mismo como buen Pastor y nos indica cuáles son las características que lo identifican como tal.

            Los estudiosos de la Sagrada Escritura nos dicen que el objetivo principal de este discurso es el “de exponer la imagen cristiana del Mesías, que sólo se puede entender rectamente desde la muerte en cruz de Jesús.”[2]

            Precisamente, en el Misterio Pascual de Cristo se revela plenamente el sentido de la afirmación: «El buen Pastor da su vida por las ovejas» (Jn 10, 11). Abramos el corazón a esta palabra de Jesús, acojámosla, meditémosla y dejémonos interpelar por ella.

«Yo soy el buen Pastor»

            Las palabras con las cuales Jesús inicia este discurso son categóricas: «Yo soy el buen Pastor». Impresionan por su sencillez y contundencia. En estas palabras se nos revela la auto-conciencia de Jesús, “con la imagen del buen pastor Jesús se está caracterizando a sí mismo.”[3]

            Así Jesús demuestra claramente ante los judíos, ante sus discípulos y ante nosotros, que tiene conciencia de su identidad y misión. Él es el «buen Pastor». Con esa conciencia –y con esa misión- se presenta hoy ante nosotros.

            Al presentarse de este modo, Jesús se distingue a sí mismo de otros supuestos pastores. De hecho, en versículos anteriores del Capítulo 10, el mismo Señor dice: «Todos aquellos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes, pero las ovejas no los han escuchado» (Jn 10, 8).

            La Sagrada Escritura conoce y utiliza la imagen del pastor como “metáfora firmemente establecida en el lenguaje figurado del antiguo Oriente para designar a los gobernantes, así como el «apacentar» equivale frecuentemente a «gobernar».”[4] Por esta razón, todos aquellos que tienen un rol de autoridad y de gobierno –sea político o religioso-, en la historia del pueblo de Israel frecuentemente son comparados con el pastor de un rebaño.

            Así el ideal del pastor indica la manera en que reyes, sacerdotes y profetas deben llevar adelante su misión de guiar al pueblo de Dios. En efecto, el mismo Dios es el Pastor de Israel, así lo indica el Salmo 80:

            «Escucha, Pastor de Israel,
tú que guías a José como a un rebaño;
tú que tienes el trono sobre los querubines,
resplandece entre Efraím, Benjamín y Manasés;
reafirma tu poder y ven a salvarnos.» (Salmo 80, 2 – 4).   

«El asalariado no se preocupa por las ovejas»

            Sin embargo, a pesar de que la imagen del pastor era conocida para las autoridades del pueblo de Israel, no supieron vivir su misión de acuerdo con este ideal.

En efecto, por boca del profeta Ezequiel el Señor Dios reprende a los pastores de Israel (cf. Ez 34, 2) que se apacientan a sí mismos y no al rebaño: «Ustedes se alimentan con la leche, se visten con la lana, sacrifican a las ovejas más gordas, y no apacientan el rebaño. No han fortalecido a la oveja débil, no han curado a la enferma, no han vendado a la herida, no han hecho volver a la descarriada, ni han buscado a la que estaba perdida. Al contrario, las han dominado con rigor y crueldad.» (Ez 34, 3 – 4).

Por esta razón el mismo Jesús distinguirá entre el buen Pastor y el asalariado: «El asalariado, que no es el pastor y al que no pertenecen las ovejas, cuando ve venir al lobo las abandona y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa. Como es asalariado, no se preocupa por las ovejas.» (Jn 10, 12 – 13).

Al final, el pastor que no vive ni cumple plenamente su vocación y misión se comporta como asalariado, es decir, no realiza su tarea pastoral por interés en las ovejas que están a su cuidado, sino mirando a los beneficios que pueda obtener. No le interesa servir a los demás, sino servirse de los demás. No le interesa el crecimiento de los que están bajo su cuidado, en último término, porque no se identifica con ellos: «el asalariado no es el pastor, ni le pertenecen las ovejas» (cf. Jn 10, 11).

El ideal del buen Pastor que se nos presente hoy con toda claridad en Jesucristo, muerto y resucitado para nuestra salvación, es un ideal que sigue vigente para todos nosotros, tanto en el ámbito de la comunidad familiar y eclesial, como en el ámbito de la vida política y social. Todos podemos y debemos sentirnos interpelados por este ideal cristiano en el ejercicio de la autoridad.

Nuestra conciencia personal y cívica debe despertar y dejarse cuestionar por las palabras del Evangelio de Jesús. En la tarea pastoral que cada uno de nosotros lleva adelante, sea en la familia, el apostolado, el trabajo, el estudio o la sociedad, ¿me comporto como pastor de vocación, o más bien, como asalariado que busca sólo su comodidad y propio interés? ¿Qué tipo de liderazgo y de ejercicio de la autoridad quiero promover y apoyar? ¿Busco y apoyo una autoridad que sea capaz de «dar su vida por las ovejas», o más bien apoyo a uno que en realidad «no se preocupa por las ovejas»?      

«Ellas oirán  mi voz, y así habrá un solo rebaño y un solo Pastor»

            Para poder discernir la manera en que debemos ejercer nuestro rol como autoridad debemos en primer lugar dejarnos pastorear por el mismo Jesús. Dejar que en nuestro interior resuene su palabra: «Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas».

           
Mater Admirabilis, ora pro nobis.
Litografía a color.
Kunst Adelt. Maastricht, Holanda.
Debemos dejar que esa palabra resuene en  nuestro corazón y animarnos a descubrir los distintos momentos y circunstancias en las que Jesús fue y es buen Pastor para nosotros.

Animémonos a descubrir que Él es buen Pastor a través de tantas personas que nos rodean. Jesús es buen Pastor en “los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa”[5]; en  las “personas sencillas y cercanas que nos iniciaron en la vida de fe”[6]; en tantos agentes pastorales que “dan la vida por amor”.[7]

Dejándonos pastorear por el mismo Jesús e inspirándonos en su manera de ser Pastor, también nosotros podremos con Él ser buenos pastores –allí donde nos toque- y entregaremos nuestra vida en el amor cotidiano de forma libre y generosa (cf. Jn 10, 18). Así también podremos discernir la manera en que queremos que se ejerza la autoridad en nuestra sociedad, y, ayudaremos a que se cumpla en nosotros la palabra del Señor: «Mis ovejas oirán mi voz, y así habrá un solo rebaño y un solo Pastor» (cf. Jn 10, 16).

         A María Santísima, Madre del Buen Pastor – Mater Boni Pastoris, le pedimos que nos enseñe a dejarnos conducir dócil y fielmente por Jesucristo, “para que pronto haya un solo rebaño y un solo Pastor, que conduzca a los pueblos hacia la Santísima Trinidad. Amén.”[8]



[1] Cf. MISAL ROMANO, Ritos Iniciales, Acto Penitencial, Tiempo de Pascua.
[2] J. BLANK, El Evangelio según San Juan. Tomo Primero B (Editorial Herder, Barcelona 1991), 229.
[3] P. J. KENTENICH en P. WOLF (Ed.), Llamado, consagrado y enviado. Textos escogidos del P. José Kentenich sobre el sacerdocio (Editorial Nueva Patris S.A., Santiago – Chile 32011), 81.
[4] J. BLANK, El Evangelio según San Juan…, 242.
[5] PAPA FRANCISCO, Exhortación Apostólica Gaudete et Exsultate sobre el llamado a la santidad en el mundo actual, 7.
[6] PAPA FRANCISCO, Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual, 13.
[7] PAPA FRANCISCO, Evangelii Gaudium, 76.
[8] P. JOSÉ KENTENICH, Hacia el Padre 528.

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