La vida es camino

Creo que una buena imagen para comprender la vida es la del camino. Sí, la vida es un camino. Y vivir se trata de aprender a andar ese camino único y original que es la vida de cada uno.
Y si la vida es un camino -un camino lleno de paradojas- nuestra tarea de vida es simplemente aprender a caminar, aprender a vivir. Y como todo aprender, el vivir es también un proceso de vida.
Se trata entonces de aprender a caminar, aprender a dar nuestros propios pasos, a veces pequeños, otras veces más grandes. Se trata de aprender a caminar con otros, a veces aprender a esperarlos en el camino y otras veces dejarnos ayudar en el camino. Se trata de volver a levantarnos una y otra vez cuando nos caemos. Se trata de descubrir que este camino es una peregrinación con Jesucristo hacia el hogar, hacia el Padre.
Y la buena noticia es que si podemos aprender a caminar, entonces también podemos aprender a vivir, podemos aprender a amar... Podemos aprender a caminar con otros...
De eso se trata este espacio, de las paradojas del camino de la vida, del anhelo de aprender a caminar, aprender a vivir, aprender a amar. Caminemos juntos!

sábado, 20 de abril de 2019

«Ellas contaron todo a los Apóstoles»


Vigilia Pascual en la Noche Santa – Ciclo C

Lc 24, 1 – 12

«Ellas contaron todo a los Apóstoles»

Queridos hermanos y hermanas:

            Una vez más el Evangelio, al relatarnos los acontecimientos en torno a la resurrección de Cristo de entre los muertos, pone ante nuestros ojos a las fieles y fuertes mujeres que han acompañado al Señor a lo largo de su ministerio.

            Lo que hemos escuchado como anuncio evangélico en esta Noche Santísima pertenece al grupo de textos que los estudiosos llaman “tradición [-es decir, transmisión de la resurrección-] en forma de narración.”[1] En esta forma de tradición bíblica de la resurrección, “las mujeres tienen un papel decisivo; más aún, tienen la preeminencia en comparación con los hombres.”[2] Y esto se debe a que “así como bajo la cruz se encontraban únicamente mujeres –con excepción de Juan-, así también el primer encuentro con el Resucitado estaba destinado a ellas.”[3]

«Fueron al sepulcro con los perfumes»

            Sí, los primeros indicios de la resurrección y los primeros encuentros con el Resucitado están destinados a estas fieles mujeres y  a quienes, como ellas, permanecen fieles al amor en medio de la adversidad. No en vano Jesús dijo a sus discípulos: «Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Permanezcan en mi amor.» (Jn 15, 4. 9b).

            El permanecer en el amor de estas mujeres es muy concreto: «fueron al sepulcro con los perfumes que habían preparado» (Lc 24, 1). Su amor por el Maestro las lleva a cuidar de su cuerpo en la muerte, así como lo ayudaron «con sus bienes» (cf. Lc 8, 1 – 3) mientras vivía, predicaba y sanaba. Amor en vida y en muerte.

            Y permaneciendo en el amor «encontraron removida la piedra del sepulcro y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús» (Lc 24, 2 – 3).

            Las mujeres del Evangelio, las mujeres del amanecer del primer día de la semana, nos enseñan que la fe pascual es posible ahí donde el amor permanece fiel aún en medio de la oscuridad. De hecho, es el amor concreto el que es capaz de percibir la luz matutina de la resurrección.

            Lo experimentamos en nuestra propia vida. ¡Cuántas veces el amor concreto nos llevó a experimentar la luz de la resurrección! Cuando ayudamos a los demás con nuestra presencia, con nuestras capacidades y consejos; cuando compartimos nuestros bienes y nuestro tiempo; cuando perdonamos y pedimos perdón, nuestros rostros y nuestros corazones se iluminan con la luz del amor y de la resurrección.

            Con Cristo siempre es posible que la luz surja en medio de la oscuridad; sí, la luz pascual del amor despeja las tinieblas del egoísmo, el rencor y el pecado.

«Se les aparecieron dos hombres con vestiduras deslumbrantes»

            Volvamos al texto evangélico. El permanecer en el amor permite a las mujeres ser testigos del sepulcro vacío y recibir el primer anuncio de la resurrección: «¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado.» (Lc 24, 5 – 6).

            Al recibir el anuncio de la resurrección, las mujeres recordaron las palabras de Jesús (cf. Lc 24, 5 – 8). Detengámonos aquí. Dijimos que el permanecer en el amor concreto hace posible el ser testigos de las huellas de la resurrección. Amando concretamente percibimos en nuestra vida la presencia del Resucitado; amando concretamente recordamos las palabras del Evangelio de Jesús y las comprendemos con mayor profundidad.

            El percibir al Resucitado, el vivir la vida del Resucitado, necesariamente está unido al amor fraterno concreto. El comprender en toda su amplitud y profundidad el Evangelio está unido al amor concreto. Sólo amando veremos al Resucitado y comprenderemos plenamente su Evangelio, ya que lo estaremos viviendo, o más precisamente, el Resucitado estará amando y viviendo en nosotros.

«Ellas contaron todo a los Apóstoles»

            Finalmente las fieles mujeres, que amando han sido capaces de recibir el anuncio de la resurrección y de comprender en profundidad el Evangelio, se convierten en las primeras testigos y heraldos del Resucitado: «Cuando regresaron del sepulcro, refirieron esto a los Once y a los demás. Eran María Magdalena, Juana y María, la madre de Santiago, y las demás mujeres que les acompañaban. Ellas contaron todo a los Apóstoles.» (Lc 24, 9 – 10).

           
Aparición de Jesucristo a María Magdalena.
Alexander Andreyevich Ivanov, 1835.Óleo sobre tela.
Museo Estatal Ruso, San Petersburgo, Rusia.
Wikimedia Commons.  
Si bien en un primer momento los Apóstoles no supieron dar crédito a este anuncio, las mujeres perseveraron en su testimonio. Una vez más ellas permanecieron en el amor. No en vano “a María Magdalena santo Tomás de Aquino le da el singular calificativo de «apóstol de los Apóstoles» (apostolorum  apostola), dedicándole un bello comentario: «(…) una mujer fue la primera en anunciar a los Apóstoles palabras de vida» (Super Ioannem, ed. Cai, 2519)”.[4]

            También nosotros queremos entrar en la escuela de las fieles y santas mujeres del Evangelio y aprender a permanecer en el amor para así percibir siempre de nuevo la luz de la resurrección, acoger en nuestros corazones el Evangelio y convertirnos en apóstoles de “Jesucristo, (…), que resucitado de entre los muertos brilla sereno para el género humano.”[5]

           
Para ello, nos confiamos a la intercesión y la acción educadora de María, Regina Coeli – Reina del Cielo, quien hoy se goza y se alegra “porque ha resucitado verdaderamente el Señor. Aleluia.”[6]Amén.




[1] J. RATZINGER/BENEDICTO XVI, Jesús de Nazaret. Desde la Entrada en Jerusalén hasta la Resurrección (Ediciones Encuentro S.A., Madrid 2011), 303.
[2] J. RATZINGER/BENEDICTO XVI, Jesús de Nazaret..., 305.
[3] J. RATZINGER/BENEDICTO XVI, Jesús de Nazaret..., 306.
[4] BENEDICTO XVI, Audiencia General, 14 de febrero de 2007 [en línea]. [fecha de consulta: 20 de abril de 2019]. Disponible en: <http://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/audiences/2007/documents/hf_ben-xvi_aud_20070214.html>
[5] MISAL ROMANO, Pregón Pascual.
[6] Antífona mariana pascual Regina Coeli.

1 comentario:

  1. está unido al amor concreto. Sólo amando veremos al Resucitado y comprenderemos plenamente su Evangelio, ya que lo estaremos viviendo, o más precisamente, el Resucitado datafellows.net/como-organizar-un-panel-de-discusion/

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