La vida es camino

Creo que una buena imagen para comprender la vida es la del camino. Sí, la vida es un camino. Y vivir se trata de aprender a andar ese camino único y original que es la vida de cada uno.
Y si la vida es un camino -un camino lleno de paradojas- nuestra tarea de vida es simplemente aprender a caminar, aprender a vivir. Y como todo aprender, el vivir es también un proceso de vida.
Se trata entonces de aprender a caminar, aprender a dar nuestros propios pasos, a veces pequeños, otras veces más grandes. Se trata de aprender a caminar con otros, a veces aprender a esperarlos en el camino y otras veces dejarnos ayudar en el camino. Se trata de volver a levantarnos una y otra vez cuando nos caemos. Se trata de descubrir que este camino es una peregrinación con Jesucristo hacia el hogar, hacia el Padre.
Y la buena noticia es que si podemos aprender a caminar, entonces también podemos aprender a vivir, podemos aprender a amar... Podemos aprender a caminar con otros...
De eso se trata este espacio, de las paradojas del camino de la vida, del anhelo de aprender a caminar, aprender a vivir, aprender a amar. Caminemos juntos!

domingo, 30 de octubre de 2016

El camino de Zaqueo

31° Domingo durante el año – Ciclo C

El camino de Zaqueo

Queridos hermanos y hermanas:

            Hemos escuchado en el evangelio de hoy (Lc 19, 1-10) el relato del encuentro entre Jesús y Zaqueo. Pero sobre todo hemos escuchado los pasos que Zaqueo tuvo que dar para poder encontrarse con el Señor, para poder encontrarse con Jesús. Les invito a que meditemos sobre este camino de Zaqueo y que nos dejemos inspirar por él.

«Quería ver quién era Jesús»

            El evangelio nos dice que «Jesús entró en Jericó y atravesaba la ciudad»; nos dice también que «allí vivía un hombre muy rico llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos.» Pero el dato más importante que nos proporciona el evangelio sobre Zaqueo, es que «Él quería ver quién era Jesús».

           
En ese sentido, Zaqueo es imagen del hombre inquieto, del hombre que busca, del hombre que anhela. Zaqueo anhelaba ver a Jesús; anhelaba –probablemente- verlo no sólo con los ojos sino sobre todo con el corazón.

            Es importante que tomemos conciencia del anhelo de Zaqueo. Sobre todo, teniendo en cuenta que Zaqueo «era un hombre muy rico», «jefe de publicanos». Se trata de un hombre que posee muchas riquezas materiales, un hombre con un estilo de vida cómodo, un hombre ocupado en muchas tareas, trabajos y cálculos. En este sentido, ¿no es también Zaqueo imagen del hombre exitoso? Posee riquezas, y con ello, poder económico, comodidad e influencia social.

            Y sin embargo, a pesar de todo esto, sigue buscando algo más. Por eso «quería ver quién era Jesús». A pesar de sus riquezas, de su comodidad e influencia, Zaqueo anhela algo más. Algo que ni la riqueza, ni el poder, ni la comodidad puedan dar.

            Zaqueo anhela, busca, no se deja contentar o conformar con los bienes de este mundo. Tal vez en su corazón resuenen las palabras del Salmo 15 (16): «Los dioses y señores de la tierra no me satisfacen». Sí, el consumo, la comodidad y la avaricia, y la búsqueda enfermiza de placeres[1] no satisfacen el corazón humano, no lo sacian. Estamos hechos para algo más.

«Subió a un sicómoro para poder verlo»

            Zaqueo convierte su anhelo en búsqueda concreta. No se queda en la buena intención o en la mera idea, sino que toma una decisión. La decisión de adelantarse a Jesús y subir a un árbol para verlo al pasar. El anhelo que llega a ser decisión se transforma en propósitos concretos para buscar al Señor, y buscándolo dejarse encontrar por Él.

            En esta misma línea nos dice el Papa Francisco: “Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso.”[2]

            Sí, anhelar el encuentro con Jesús implica una decisión concreta por buscarlo y por dejarse encontrar por Él. Implica una decisión concreta por cultivar nuestra vida espiritual. Implica opciones concretas por favorecer el cultivo del espíritu.

            ¿Cuánto tiempo concreto le dedico a la oración día a día? ¿Cuánto tiempo le dedico al diálogo íntimo, personal y auténtico con Jesús? ¿Cuánto tiempo le dedico a la lectura consciente y orante del Evangelio? ¿Me dejo encontrar por Jesús en el Evangelio? ¿Hago una opción por la Eucaristía dominical? ¿Busco a Jesús en los distintos ámbitos de mi vida personal, familiar y laboral? ¿Dejo que Él atraviese mi ciudad y mi vida? (cf. Lc 19,1).

«Lo recibió con alegría»

            “Al que arriesga, el Señor no lo defrauda, y cuando alguien da un pequeño paso hacia Jesús, descubre que Él ya esperaba su llegada con brazos abiertos.”[3]

            Es la experiencia que ha hecho Zaqueo. Él arriesgó, Él se decidió por buscar a Jesús y dejarse encontrar por Él. Subido al árbol, Jesús lo miró y le dijo: «Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que alojarme en tu casa»; y «Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con alegría» (Lc 19, 5. 6).

           
El anhelo y la decisión desembocan en la alegría del encuentro, en la gran alegría de recibir a Jesús en su casa, en su vida. Y este encuentro marca su vida, este encuentro lo evangeliza y lo convierte en discípulo de Jesús, pues “no se comienza ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva.”[4]

            Sí, “sólo gracias a ese encuentro –o reencuentro- con el amor de Dios, que se convierte en feliz amistad, somos rescatados de nuestra conciencia aislada y de la auto-referencialidad”[5]; somos rescatados de nuestras ataduras y tristezas, de nuestros aislamientos y egoísmos; somos rescatados de la tentación de pensar y sentir que nuestros corazones pueden conformarse con la mediocridad o saciarse con el consumo y el placer egoísta.

«Zaqueo dijo resueltamente…»

            Y ese encuentro que marca la vida, necesariamente deriva en la conversión. Lo vemos en la historia de Zaqueo. El recibir al Señor en su casa y en su vida; el sentirse valorado, respetado y amado por Jesús, lo llevó a abrirse a la capacidad de amar dando de sus bienes a los más pobres y reparando a los que había perjudicado.

            Se nos muestra así la dinámica de la conversión: apertura al amor de Dios que nos muestra nuestra dignidad de amados, y por ello mismo, nos muestra nuestra capacidad de amar. La auténtica conversión al Señor nos lleva también a la conversión hacia los hermanos.

            Y comprendemos así como la misericordia sana las heridas de nuestros pecados y nos lleva a descubrir nuestro yo más auténtico, aquél que se esconde detrás de tantas pretensiones de poder y de auto-satisfacción. Ante la mirada de Jesús, “toda falsedad se deshace. Es el encuentro con Él lo que, quemándonos, nos transforma y nos libera para llegar a ser verdaderamente nosotros mismos.”[6]

            Zaqueo vuelve a ser él mismo, recobra su dignidad, su identidad más auténtica: «Y Jesús le dijo: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también este hombre es un hijo de Abraham, porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido”.» (Lc 19, 9-10).

            El camino de Zaqueo es el camino del anhelo que llega a ser realidad en el encuentro con Cristo y la conversión de vida. Anhelo, decisión, encuentro y conversión, son los pasos del camino que también nosotros estamos llamados a recorrer para encontrarnos con Jesús en nuestras vidas, y, encontrándonos con Él, reencontrar nuestra propia autenticidad.

            A María, Madre del camino, le pedimos que mantenga vivo en nuestros corazones el anhelo de su hijo Jesús, para que día a día nos decidamos a buscarlo y a dejarnos encontrar por Él; para que día a día nuestro anhelo se haga decisión, encuentro y conversión. Amén.


[1] Cf. PAPA FRANCISCO, Evangelii Gaudium 2.
[2] PAPA FRANISCO, Evangelii Gaudium 3.
[3] PAPA FRANISCO, Ibídem
[4] BENEDICTO XVI, Deus caritas est 1.
[5] PAPA FRANCISCO, Evangelii Gaudium 8.
[6] BENEDICTO XVI, Spe Salvi 47.

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